PROYECTOS
 

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Proyecto Quinta La Calle

Como ser social, el Hombre ha buscado mecanismos de asociación desde la Antigüedad. Pero esas asociaciones, que rápidamente estuvieron determinadas por la posesión y el intercambio de valores, también desde épocas ancestrales han supuesto subgrupos -más o menos minoritarios- para cuyos miembros la incorporación al sistema se dificulta. Ubicados en el espacio público, en la calle, estos individuos divorciados del sistema han sido parte del escenario que la Humanidad ha tenido como fondo desde hace miles de años. Pero los ojos se han ido acostumbrando a su presencia, y hoy en día parecen haberse incluso insertado en una cómoda y supuesta normalidad. En la “Quinta La Calle”, la odisea humana de aquellos que la habitan -o hacen el intento de hacerlo- se desarrolla en las caras externas de la construcción. Por eso he diseñado mi obra sobre la estructura de una casa, en cuyas paredes exteriores están plasmados algunos de esos elementos que muchos ojos se han olvidado de ver. Vagabundos, mendigos, recogelatas, pequeños huelepega, son los habitantes de la “Quinta La Calle”. Su espacio es público, su dominio en la casa es lo externo. Las paredes interiores de la “Quinta La Calle” son el lugar para que el espectador plasme su opinión. Paredes blancas con sólo un par de reflexiones del artista que sirven para dar lugar a la confianza, múltiples marcadores al alcance del público aunados a las imágenes de sujetos extraídos de su contexto cotidiano que habitan el exterior de la construcción, podrán permitir que se desarrolle una actitud activa en el espectador. Críticas, posibles soluciones, comentarios y reflexiones serán bien recibidos en este espacio. Se plantea de esta manera una obra que pide participación en su desarrollo ideológico. Una obra siempre abierta, en la que la última palabra está siempre por decir. Una obra que exige, al traspasar las paredes físicas, ingresar en el interior de la humanidad misma para revisar algunas actitudes cómodamente instituidas. Este trabajo no pretende asumir una actitud mesiánica. La presencia en las calles, sobretodo, en las calles de las grandes metrópolis, de hombres, mujeres y niños sin hogar y sin oportunidades, no es una realidad que se pueda cambiar con una obra artística. Mi intención no es fáctica. Mi mayor deseo es golpear la indiferencia del espectador e invitarlo a la reflexión. Un intento por redirigir, en el breve instante del acercamiento e interacción con la obra, la atención hacia una cotidiana y dura realidad. Este proyecto, más que invitarnos al altruismo o la generosidad, cumplirá su objetivo si logra abrir unos minutos los ojos hacia esa humanidad que nos hemos empeñado en abandonar a lo largo de nuestra historia.