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Paisajes de la nostalgia por Bélgica Rodríguez

El acercamiento del hombre a la naturaleza, siempre ha estado matizado por sentimientos, sentidos y afectos poéticos, muchas veces dramáticos, especialmente en literatura. En pintura este acercamiento está en correspondencia privada con experiencias personales que entrañan relaciones de carácter psicológico, nostálgico, de querencias felices, pero también de experiencias sensiblemente tristes como es el caso del joven artista Arturo Correa. En él, la memoria actúa en el momento de concebir el motivo visual que llevará a la tela, en abstracto sería el pensamiento íntimo que hace tangible ante sus ojos. Luego, las líneas cruzan el espacio de la pintura definiendo formas y fondos, para así describir el “escenario” pictórico y su significado. En todo caso, el artista utiliza el lenguaje del subconsciente y su imaginación simbólica para una pintura que, simultáneamente, presenta, representa y sugiere el tema. No nombra el objeto de su interés, pero hace alusiones a él, no lo evidencia en su totalidad pero sí en sus partes, para así, ofrecer al espectador, como ejercicio mental y afectivo, la posibilidad de completarlo a su libre albedrío, el caballo, el automóvil, las rosas. Con naturalidad, la pintura la realiza como desborde de su imaginación, como fuente de su propia energía, practicando una ordenación de caos envueltos en atmósferas poéticamente visuales.
Lejos de una concepción racionalista, en su pintura Correa afinca sus herramientas plásticas sobre la intuición creativa, basándose en la expresión de los significados secretos de los objetos como tema y sistema interrelacionado de forma y contenido. Podría recordarse aquí al famoso poeta chino Fa-Tsang, Un pétalo de flor no aparece jamás solo / sino formando parte de un árbol florido. La relación de imágenes opuestas, entre ellas mismas y el fondo que las aloja, conduce a la síntesis de un tema que, prácticamente, pierde su posible condición naturalista, para adquirir un carácter orgánico y abstracto. Por ejemplo en la pintura Mayo escarlata, 2007, la fusión de flores, diferentes en color y configuración, definen una imagen en primer plano casi flotando sobre un fondo de transparencias cromáticas. O sea, que las partes están contenidas en un todo armónico que polariza la realidad sensorial del que lo mira y percibe como un ramo de flores, pero que al estar enmarcado en un cintillo de fuerte y grueso trazo oscuro, pierde esa condición real de ramo de flores para convertirse en una abstracción sustraída del mundo de la naturaleza. Igual sucede en Ruta 16, serie de paisajes urbanos donde mezcla automóviles, naturaleza vegetal o animal, con estructuras arquitectónicas visiblemente geométricas, resultando en sorprendentes entramados prácticamente surrealistas, alejados de un universo real.
Pintor inminentemente figurativo, Arturo Correa, irrumpe en la escena artística venezolana a principio de los años noventa; en 1996 obtiene un Bachelor en Fine Arts en la University Central Florida, Orlando, y en 1998 culmina su Master en Arts en la New York University, New York. La formación adquirida en el campo de la pintura, rápidamente le capacita para realizar dos exposiciones personales en Caracas, a partir de 1998 expone en New York, Miami y Connecticut, como puede leerse en su hoja de vida. Desde un primer momento, los temas que le llaman atención se refieren a personajes que define como intrusos, engendros, muñecas, luego dirige su interés hacia otros ligados al paisaje natural, flores, enredaderas, presentados igual que naturalezas muertas, y también hacia un paisaje urbano muy sui géneris, en donde mezcla imágenes de automóviles o de caballos. La selección de estos temas en la personalidad artística de este joven nacido en la ciudad de Valencia, Venezuela, no es fortuita; en realidad tiene mucho que ver con experiencias y circunstancias personales de su vida, en algunas ocasiones dramáticas, en otras con recuerdos de infancia, como la fascinación que desde muy niño sintió por los carruseles de los parques infantiles con sus caballos pintados de intensos y llamativos colores.
El interés estético fundamental de Correa se sitúa en la imagen figurativa que, a gran escala, predomina sobre el campo pictórico en cuanto a su ubicación en un espacio definido por la ausencia de perspectiva. Sin secuencia narrativa, sobre todo cuando se trata de flores, en general, el tema aparece sustentado por la formalidad de colores apaisados que el artista encierra en las diferentes secciones de una estructura plástica específica, y que convierte en un solo conjunto gracias al recurso visual del grueso trazo oscuro que la aprisiona. Correa no individualiza imágenes sobre el plano, pero las define por el color. Mientras unas se subordinan a otras, al final estas imágenes conforman un todo temático central, bien sujeto a un recipiente, descargado sobre el plano horizontal de tierra, o aparentemente suspendido en el espacio del soporte. Al artista le interesa el significado secreto de una naturaleza de la que toma, asimila y expresa emocionalmente, solo aquello que le es suficiente como expresión plástica. De allí que este acercamiento no está condicionado por una visión realista o naturalista; a partir de su esencia sugestiva construye el instante de la visión que imagina como realidad temática.
En todos sus intereses, dos tiempos compaginan el estadio temático de la obra pictórica de Correa, sean flores, caballos o automóviles. Por un lado la interpretación del artista, siempre sujeta a cambios de una pintura a otra. Por otro, la necesaria identificación de símbolos que acerquen al espectador al significado oculto de ellas. En general, este significado aparece en el ritmo constructivo de los elementos figurativos sobre el plano que los sostiene y les sirve de marco. No existe aquí la belleza externa. Desde el interior de la pintura aflora una belleza emotiva, una carga espiritual, parte fundamental en la complexión del tema para expresar estados de ánimo particulares. No solo por lo que en sí mismo significa, sino también por la paleta cromática que condiciona la temperatura visual de la superficie pictórica en cuanto a expresión y claridad espacial. Desde un punto de vista estrictamente formalista, la configuración compositiva no depende del fondo sobre el que actúa, pero, es lógico, desde el mismo punto de vista, que haya una relación cerrada del primer plano figurativo con el plano geométrico de fondo; en la pintura Entre flores y triángulos, 2007, lo mismo que en Jardín Nº 6, de la misma fecha, esta relación es bastante clara, un grupo de rosas distribuido a lo largo del soporte en composición horizontal, es empujado hacia el exterior por un fondo organizado a partir de segmentos geométricos en gama cromática un tanto arbitraria, pero que funciona visual y plásticamente. La forma central rosa sobresale del fondo gracias al subrayado oscuro de su contorno. En conclusión, el efecto esencial que causa la pintura de Correa es de solidez, atracción y de extraña belleza.
En las últimas series, especialmente en esta exposición individual, Correa se ha desprendido de la figura humana. Mira hacia un constructivismo de color, forma y línea, recursos formales que, como un todo orgánico, resultan en una estructura plástica balanceada más allá de cualquier connotación anecdótica o decorativa. El artista asume el color como elemento fundamental, llevándolo a cumplir una misión expresiva, pictórica y emocional. Sin plantearse objetividad en la identificación del tema, de manera particular muestra la relación íntima entre él y el objeto de su interés. La orientación visual de forma y color es parte de la propuesta estética. Organiza el aparentemente caos formal por la relación color-luz. Al iluminar el fondo de la pintura, la imagen figurativa impregnada de matices cromáticos oscuros se destaca en el primer plano y proyecta hacia el espectador. La superficie pictórica, en unidad armónica desde todo punto de vista, guía al artista en sus emociones e ideas, mientras el espectador percibe fuertes imágenes de forma, luz y color. La acción perceptiva es única y personal.
Arturo Correa contempla el jardín, mira las flores; contempla las calles, mira la arquitectura, los automóviles; contempla los carruseles, mira los caballitos pintados de fuertes colores; desarrolla contrastes en enredaderas de formas cruzadas, brillantes a la luz del mediodía; enredaderas que sueltan desde adentro colores que en murmullos crecen hacia varias direcciones.

Bélgica Rodríguez
Galeria de Arte Ascaso
Caracas 2009



 
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Proximamente
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En la "GUBS" la obra de Arturo Correa por Marisol Prada
Lunes Rodríguez fue el encargado de dar la bienvenida esa noche a todos los presentes y hablar sobre este valenciano que trabaja sin descanso para a dar a conocer su arte, impregnado de dinamismo, fuerza y el dominio del alma sobre la técnica, fluido vital para cualquier creativo.
Arturo Correa - Registro de Artículos de Prensa
Registro de Artículos de Prensa (2009 –
1995)