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"Searching" por Barbara Anderson Hill

Aunque reside en Miami, Arturo Correa vivió sus primeros 24 años en Venezuela, donde consiguió un éxito notable como joven pintor. Su padre era médico y su madre psicóloga. En su infancia fue testigo de acalorados debates entre ellos. Su padre defendía la preeminencia abrumadora de las ciencias naturales, guiado por un pensamiento pragmático, objetivo y racional. Su madre, por otra parte, prefería la mentalidad subjetiva, sometida a la intuición y el razonamiento aprehensivo. Se trataba del clásico conflicto en medio del cual la naturaleza y la crianza afectan la salud y el comportamiento humano. Creo que las consecuencias de este conflicto afectaron profundamente al joven Arturo. Al igual que sus padres, cuyas profesiones se circunscribían al área de la salud, Arturo descubrió muy pronto que su pasión artística se decantaba, en sus propias palabras, hacia la necesidad de “arreglar a la gente”.

Correa se trasladó en 1989 a los Estados Unidos, donde se residenció y continuó su actividad artística en la ciudad de Nueva York. Su vocabulario visual se expandió al incorporar imágenes culturales de su país de adopción. Dos eventos significativos jalonaron su trayectoria. La exposición individual Celebrando la mitología, organizada por la profesora Marilyn Karp, de la Universidad de Nueva York, e inaugurada en diciembre de 2000. La muestra tuvo un éxito resonante e impulsó a Arturo, bullente de nuevas ideas, a trabajar febrilmente en la expansión de esta serie. Quiso la fortuna que la muestra clausurara pocos meses antes de los horrendos ataques del 11 de septiembre de 2001. Arturo quedó abatido e incapacitado para producir nuevas obras. En su frustración, llenaba la pared de su estudio con telas vacías, empapaba toallas de papel con pintura y las arrojaba contra los lienzos. Las manchas de color le inspiraron y empezó a delinear sus bordes con gruesas líneas negras y voilà—de allí surgió su primera flor—. Superando su desesperanza y vacuidad, esta nueva imagen propició el renacimiento de su necesidad de pintar. La flor fue la inspiración para una nueva serie de obras. Cinco años después falleció su hermano Carlos y esto alteró profundamente sus perspectivas, pasando de un proceso objetivo de razonamiento distante a una experiencia espiritual personal.

Conocí a Arturo Correa en la inauguración de su exposición individual en el Centro de Arte de Sidney y Berne Davis en 2014. Me fascinaron sus nociones de dualidad y sus enfoques diversos sobre la producción artística, desde sus pinturas épicas a sus elaboradas performances. La obra de Correa presenta un estudio magistral en contrastes y yuxtaposiciones, bajo la influencia de fuerzas culturales y familiares de Venezuela. Como muchos artistas latinoamericanos, sus pinturas, obras de medios mixtos y esculturas, son dinámicas, frecuentemente autobiográficas, plenas de simbolismo y de un vibrante colorido.

Sus pinturas planas, desentendidas de perspectivas u horizontes que guíen al espectador, combinan figuras, textos e imágenes icónicas contemporáneas e históricas recolectadas del pasado y el presente. Objetos dispares aparecen como flotando en el aire, colocados arbitrariamente a manera de un collage travieso sin escalas de referencia. Parecen abordar los absurdos e injusticias de la vida con un cierto cinismo optimista y un tono burlón e irónico. Algunos objetos están pintados con precisión quirúrgica, otros con libertad salvaje y orgánica. Todos se refieren al viaje personal y epifánico de Arturo a través de la memoria y la filosofía. Si no fuera por el exuberante colorido de estas imágenes realistas y expresionistas, su obra ciertamente semejaría un Sturm und Drang existencialista y sombrío. Pero en vez de ello, prefiere balancearse con deleite entre ambos extremos.

El tema recurrente expresado en el título de la exposición A la búsqueda, examina la naturaleza caótica de la existencia humana en una constante indagación para desentrañar los misterios de la vida. Siendo un joven artista, la influencia inicial de Arturo fue el pintor venezolano Oswaldo Vigas. Pero sus vivencias en Nueva York, y el hecho de tener una esposa y un hijo norteamericanos, han enriquecido su obra brindándole una mayor profundidad y amplitud. De hecho, Arturo se inspira en su hijo para incorporar imágenes de la cultura juvenil de hoy en día. Su iconografía incluye personajes de caricatura, figuras de pegatinas, superhéroes, personajes mitológicos de ayer y hoy, juguetes infantiles, así como flores, lámparas japonesas, conos de tránsito, caballos y edificios. Aunque ciertas imágenes con carga política como máscaras antiguas, equipo de protección militar, gafas y soldados se refieren a la conflictividad política en su país, no son realmente prominentes.

Preparando el escenario en la entrada de la Galería Ascaso hay un cuadro de su esposa Jennifer con gafas que simula un centinela: protectora, pero curiosa; alerta, vigilante y cautelosa.

En busca del país de las maravillas es una referencia al célebre libro Alicia en el país de las maravillas. El conejo, consciente de que se le acaba el tiempo, mira ansiosamente su reloj: el tren del tiempo ha echado a andar. Títeres en forma de cabezas de tigre, una en sepia, la otra en color, sugieren diferentes percepciones.

Cuatro cuadros de la serie Pantalones para pintar exploran el rol del artista como super-héroe en su estudio. Enfundado en sus jeans y pincel en mano, el propio Arturo es el protagonista, se transforma en una nueva persona y empieza a trabajar. De modo similar, en el cuadro intitulado Buscando la tierra de Nunca-Jamás, Peter Pan sostiene una brújula, con espada al cinto, rodeado de canicas sepias y coloreadas que caen y se levantan. Su ropa recuerda un uniforme militar: Peter Pan parece listo para el combate.

En casi todas sus pinturas, el complejo tesoro de imágenes iconográficas de Arturo cuenta diversas historias. El siempre misterioso cubo de Rubik participa activamente en los cuadros intitulados Escenario 16 y Cualquier mediodía de marzo. En Hasta el gato decide ser feliz y La vida como siempre bajo un lirio color de rosa aparecen margaritas y lirios silueteados en negro. En El jardín agridulce y Buscando al asteroide B612 vemos pájaros y cajas abiertas, así como nubes en blanco y negro pixeladas y estilizadas con motivos y diseños de mediados de siglo.

Divergentes del estilo característico de Arturo, pero evidentemente relacionadas, son sus elegantes y enjutas Cascadas. Viendo carretillas con restos de madera en su estudio, Arturo descubre con mirada novedosa los materiales que usaba para hacer soportes de lienzos y marcos. Habiendo decidido que los desechos de madera eran tan importantes como las propias pinturas, se le reveló pronto la idea de la serie Cascadas. Rindiendo homenaje a las hermosísimas cascadas venezolanas como Cuquenán, La Llovizna y sobre todo el Salto Ángel, el más alto del mundo, se dedicó a ensamblar fragmentos encolados de madera para hacer construcciones mondrianescas semejantes a cascadas en las que usa los colores primarios rojo, amarillo y azul.

Considerado un respetable artista en la plenitud de su carrera, Arturo Correa toma con propiedad el testigo y sigue el rumbo de maestros postmodernistas de finales del siglo xx y comienzos del xxi, tales como Bob Rauschenberg, David Salle, Jean-Michel Basquiat y Francesco Clemente. Un artista genuinamente bicultural que ha pasado igual número de años inmerso en la cultura de Venezuela y en la de Estados Unidos, Correa tiende puentes e integra la estética y la filosofía de ambos países. Su visión personal, su intención, es en efecto “arreglar a la gente”, comunicando a nivel visual una nueva consciencia del mundo cotidiano que nos rodea.

Barbara Anderson Hill - Miami, Mayo 2016


 
En Torno a los Mundos de Arturo Correa por Carmen Adelina Pinto
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CORREA en STAGE 16: Una entrevista por Jade Dellinger
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La Calle de Arturo Correa por Arnaldo Rojas
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Pero al entrar en ella y detallar la propuesta, notamos que se trata de una pintura tridimensional hecha instalación, que va mucho más allá de la simple apariencia.
En la "GUBS" la obra de Arturo Correa por Marisol Prada
Lunes Rodríguez fue el encargado de dar la bienvenida esa noche a todos los presentes y hablar sobre este valenciano que trabaja sin descanso para a dar a conocer su arte, impregnado de dinamismo, fuerza y el dominio del alma sobre la técnica, fluido vital para cualquier creativo.
Arturo Correa - Registro de Artículos de Prensa
Registro de Artículos de Prensa (2009 –
1995)